Yo si quemo al diablo

15:22 Stanley Herrarte 2 Comentarios

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La gente quema basura todo el tiempo y nadie dice nada. Sin embargo, si uno se dispone a quemar basura un 7 de diciembre a las 6 de la tarde, se gana el desprecio de algunas personas “ecologistas” de ocasión. 
Como si se tratara de un acto terrorista, cuando uno quema al diablo se gana insultos como “antiecológico”, “ignorante” o “anticuado”. Sin embargo, y contra todo lo que las personas puedan decir, YO SI QUEMO AL DIABLO.
Este sábado 7 de diciembre dejé por un lado todo lo que estaba haciendo, y sin pensarlo, fui a buscar una caja con papeles viejos y algunos volantes que había recolectado en el transcurso del año.  El reloj marcaba las 6 en punto de la tarde y la calle lucía vacía. De vez en cuando pasaba un carro pero no se miraba gente en la calle.
Mientras intentaba encender mi pequeño fogarón, a lo lejos se comenzaron a oir cuetes. Poco a poco el olor a humo inundó la calle y agarré confianza para continuar con mi labor. Aunque no vi ninguna fogata cerca de la casa.
Al fin agarró fuego mi diablo. Mientras las llamas amarillo-verde-azules crecían frente a mis ojos, mi pensamiento viajó al pasado como en un zoom out de película para chicas. Volví a mi niñez.
En esa época, el 7 de diciembre se juntaba la palomilla de patojitos peleando por ver quién tenía el bulto de chiribisco más grande. También se competía por ver quién tenía la bolsa más grande de cuetes. Todos éramos muy felices.
Mis primos y yo hacíamos alianzas para juntar aquellas ramitas secas, que al final hacían una “montaña” lista para ser incendiada.  En cuestión de minutos, a cualquier lado que se dirigiera la mirada encontraba una fogata. Los patojos más grandes hacía chozas o formas extrañas con su chiribisco. Nosotros, los pequeños, solo la apilábamos, esperando que se viera grande.
Mientras el fuego hacía lo suyo, era una tradición lanzar cuetes al fogarón. Algunos no explotaban, pero los que si lo hacían, causaban cientos de chispitas incandescentes que se elevaban al cielo. Ese era el objetivo. Disfrutar de un espectáculo fugaz y gratuito, imborrable para toda la vida.
Al consumirse el fuego, en mi casa se hacía un rezado en honor a la Virgen. Mi mamá preparaba tamales y ponche para los invitados, y era así como le dábamos la bienvenida oficial a la temporada navideña. La señora que rezaba, la hija mayor que le sostenía el rosario, las vecinas que nos acompañaban… todos son recuerdos ahora. Incluyendo a mi mamá.

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11:18 Stanley Herrarte 2 Comentarios




Hace un par de años tuve la oportunidad de ver el concierto U23D, y a pesar de la tecnología aplicada a la buena banda, no me gustó.  La tercera dimensión se volvía aburrida después de la tercer canción. Mis amigos me dijeron que el chiste de ese concierto era disfrutar la música.

En realidad no estoy de acuerdo con ese concepto. Yo creo en las palabras de Batman (en el Caballero de la Noche) cuando dice que es necesario el uso de teatrilidad para sorprender a todos.

Eso justamente fue la película de Metallica "Trough the Never".  Un concierto de la banda pero con algo más. Mucho más!

Sin ánimo de arruinar la sorpresa, quiero contarles que la mayor parte de la historia se desarrolla en un estadio, donde toca Metallica. El escenario es una verdadera joya tecnológica que aprovecha muy bien los recursos de iluminación, pirotecnia, pantallas y humo.

Tengo que decirles que en ese super escenario también hay referencias a discos como "And justice for all", "Ride the Ligthing", "Master of Puppets"y el mismo "Death Magnetic".

Paralelo al concierto, se realiza una historia afuera del estadio. Un chavito canchito tiene una misión muy importante y en su camino encuentra una variedad de situaciones que tienen mucho que ver con la música. Simplemente impresionante!

Muy parecido a Guatemala
Mientras observaba la lica, no pude dejar de hacer comparaciones de la venida de Metallica a Guatemala.  Con un poco de imaginación Trough the Never es una analogía de nuestro país.

Por ejemplo, cuando Metallica salió al Mateo Flores en aquel histórico concierto, los fusibles simplemente no soportaron la fuerza enérgica de la banda. Entre chispas y humo, la banda tuvo que esperar a que se resolviera el problema.

Ese día, algunos "playeritas negra" hacían escándalo afuera del estadio. Incluso llegaron los antimotines y entre pedradas y bombas lagrimógenas la cosa se puso fea.  Manchas de sangre y algunos carros con los vidrios quebrados se podían observar cuando se termino el concierto.

Lo más sorprendente es que, los que estabamos dentro del estadio ni nos enteramos de la violencia que había afuera.

En fin, al final les recomiendo que vayan a ver la cinta. Es un agasajo visual y auditivo. Por fin un regalo para los fanáticos de Metallica.

Ah, y Cinépolis no me pagó nada para escribir este texto. Simplemente me gustó la cinta.



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